martes, 19 de julio de 2016

Collado del Infierno e ibón de Tebarray

Hoy tocaba recorrer la parte del GR11 que discurre entre los refugios de Bachimaña y de Respomuso… Una etapa accesible si no fuera por el maldito collado de Tebarray... Hablamos con los responsables del refugio de Bachimaña… Uno nos animó a intentarlo… Otro, a mi modo de entender más cauto, nos dijo que la cosa no era lugar para ensayos…
Aunque al final acordamos que lo mejor era llegar al collado, verlo y decidir sobre la marcha, creo que yo ya tenía decidido de antemano que no iba a intentarlo... Además, con estampas tan espectaculares como esta de los Infiernos, yo ya daba por amortizado el día...
Habíamos desayunado a las 7,30 para comenzar a patear a las 8,30. Por contratiempos ajenos a nuestra voluntad, tardamos casi una hora en recorrer la margen occidental del embalse de Bachimaña y llegar al Llano de la cascada de los Azules…
En ese llano, intersección de los caminos que llevan a Respomuso, Puerto de Marcadau y Bramatuero, una marmota nos increpó repetidamente desde una roca… Yo creo que intentaba decirnos que no era buena idea cruzar el collado de Tebarray…
Llegamos al espectacular paraje del ibón Azul inferior, con los picos del Infierno al fondo. A pesar de que la rodilla de Eduardo no tenía su mejor día, decidimos continuar… Llegamos al Azul superior… 
Y ya que estábamos allí, ¿por qué no practicar con el piolet y los crampones remontando la pala que nos separaba del collado del Infierno? Dicho y hecho… Doloridos cada uno en sus partes y golpeados por el calor, remontamos la pala...
Y llegamos al collado, donde nos dimos un atracón mientras contemplábamos el lago Tebarray y su maldito collado, desde donde llegaban algunos intrépidos que lo habían atravesado con cara de no haberlo pasado muy bien… 
Como estaba previsto, decidimos regresar al refugio de Bachimaña… Y el descenso hasta el Llano de la cascada de los Azules fue un calvario…

Menos mal que en este spa natural nos refrescamos y descansamos lo necesario como para proseguir el camino… Tanto que Nuria se atrevió a animarse a descender hasta el aparcamiento de Baños de Panticosa…


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lunes, 18 de julio de 2016

Ibones de Bachimaña y Bramatuero

Habíamos llegado al refugio de Bachimaña a eso de las 12. Tras recuperar fuerzas a base de embutido y frutos secos, nos acomodarnos como es debido: sacos en las literas, botas, piolets y bastones en las taquillas...
La verdad es que en un refugio no hay mucho que hacer (es la mejor forma de no distraerse con nada y dedicarse a contemplar el entorno, que a la postre es el objetivo de estas escapadas...), por lo que una vez reposados decidimos hacer otra minietapa por los alrededores del refugio... Preparamos una mochila con lo imprescindible y comenzamos a zapatear por parte del camino que al día siguiente nos llevaría hasta el collado del Infierno.
Tras superar el embalse del refugio, llegamos al ibón superior de Bachimaña… ¡Espectacular! 
Al final del ibón, cruzamos el río por el paso de piedras que hay junto al poste de señales. Tomamos a la derecha para ascender unos metros por el camino del Puerto de Marcadau (o de Panticosa).
En cuestión de un centenar de metros, abandonamos el camino y tomamos una senda hacia la derecha que nos llevará a la presa del embalse de Bramatuero, no sin antes poner nuevamente a prueba nuestro equilibrio cruzando más barrancos. 
Tras merodear un rato y fotografiar algunas de las especies animales que habitan Bramatuero, iniciamos el regreso por la otra orilla del ibón de Bachimaña.

La senda comienza en un antiguo refugio ubicado a las orillas del ibón… Entramos para husmear un poco… Nada nuevo, tres colchones apolillados, unas botellas vacías y un par de taquillas cerradas a cal y canto…
Tras media hora de recorrido, nos dimos un buen baño... Bueno, en realidad nos mojamos un poco los pies y los sobacos...
Después nos encontramos con el premio de tener que superar un acantilado equipado con un cable… ¡y nosotros sin nuestro kit de ferrata!
Finalmente, ya en las inmediaciones del refugio, y tras habernos metido otros 450 m. de desnivel, nos acercamos a lo que creíamos que era un sumidero del embalse, aunque en realidad es una pequeña central hidroeléctrica instalada para cubrir las necesidades del refugio.

Una vez en el refugio, tocaba ducha, caña, candy crash y cena de rancho… Luego a la cama en compañía de dos americanos de Boston y de dos catalanes del valle de Nuria… En contra de todo pronóstico y desmintiendo el tópico, a la noche, ausencia de ronquidos y de flatulencias.


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Refugio de Bachimaña

Después de un primer intento fallido en el mes de abril, teníamos una cuenta pendiente con algunas rutas del Valle de Tena que parten del refugio Casa de Piedra, en Baños de Panticosa. 
En efecto, llegamos a tierras oscenses con la idea de hacer a nuestro aire (es decir, al revés y en dos o tres días) la etapa 12 del GR11, concretamente la etapa que discurre entre Sallent de Gállego y el Balneario de Panticosa.
Teníamos previsto un primer día de aproximación, para salvar los 600 m. de desnivel que separan Baños de Panticosa del refugio de Bachimaña, ubicado al lado del ibón inferior de Bachimaña. 
Elegimos subir por la ruta tradicional, dejando para otra ocasión el denominado camino de los machos (¿cabrios?). La primera parte del camino, a pesar de las miniferratas y de sus bonitas cascadas, no nos sorprendió mucho, ya que la habíamos recorrido tan solo hacía un par de meses. 
Además, el peso de las mochilas no invitaba a interrumpir la marcha para disfrutar de las cascadas sobre el río Caldarés, aunque al final, no pudimos resistirnos a la tentación de fotografiarnos junto a una de ellas…
A pesar de haber salido relativamente temprano, el sol ya pegaba fuerte… Habían anunciado temperaturas cercanas a los 40 grados, y queríamos llegar al refugio a una hora prudencial que nos permitiera descansar y dar un paseo vespertino alrededor de los ibones de Bachimaña y Bramatuero.
Cuando la prisa no aprieta, además de disfrutar del paisaje, te da tiempo para reparar en la imagen de un regato, en la estampa que ofrecen los rododendros recién florecidos… 
Tras una hora de tranquila caminata nos plantamos ante la cascada del Fraile y empezamos a subir la empinada cuesta que lleva su mismo nombre. 
Una vez superada la pendiente pudimos ver la silueta del refugio… A partir de ese momento las penas desaparecen y la imagen de una cerveza con un bokata de jamón ibérico invade la mente.

Llegamos al refugio tras caminar durante 2:40 horas y haber superado un desnivel de unos 568 metros… Una vez allí, nos registramos y procedimos a disfrutar del entorno mientras dábamos buena cuenta de un merecido almuerzo.


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sábado, 30 de abril de 2016

Ibón de Ordicuso

Esta mañana ha llovido en Panticosa, y las montañas han aparecido un poco más blancas que ayer. La temperatura también es más fresquita y aún más a medida que subimos hacia Baños de Panticosa.
Al llegar encontramos el parking muy animado, lleno de moteros que hacen rugir los motores de sus máquinas. En fín, para aquellos que buscamos en los parajes naturales un remanso de paz, esto es algo incomprensible. No critico el hecho de que se acerquen al balneario en el medio de transporte que consideren oportuno, pero ¿que necesidad hay de estar quemando gasolina continuamente? Es como si hiciéramos una quedada de montañeros en la Cibeles y nos dedicáramos a intentar hincar los piolets por doquier.
Así que con el runrún de los motores empezamos a subir por un camino que sale desde el embalse del balneario hacia la derecha (mirando en dirección a la corriente del río). Hay una pequeña edificación que resulta ser una fuente, aunque más bien parece una ermita de planta redonda. El sendero sube zigzagueando entre piedras, pinos y riachuelos esporádicos. A la izquierda, el ruido del agua de la cascada ha ido ocultando el de las motos.
Llegamos al final del pinar donde aparecen pintadas en rocas dos señalizaciones: Ordicuso y Argualas. Seguimos ya encima de la nieve siguiendo huellas de raquetas hacia donde pensamos que puede ir el camino de Ordicuso, pero la nieve está cada vez más blanda y enaguachada.
Nos encontramos con otros tres montañeros que se dan la vuelta porque la nieve está muy blanda. Tenían intención de subir al famoso Garmo Negro, pero se han confundido de camino y han seguido las huellas equivocadas.
Sin raquetas y sin poder atisbar los ibones (posiblemente tapados por la nieve), decidimos dar la vuelta y almorzar antes de entrar en el pinar.
El descenso es rápido y la vuelta a Panticosa también, pues nuestros amigos los moteros siguen disfrutando de la quema de combustible y del atronador ruido de sus motos. Balneario Baños de Panticosa, ¡el mejor lugar para relajarte!



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viernes, 29 de abril de 2016

Ibones de Bachimaña

Salimos del refugio "Casa de Piedra" de Baños de Panticosa con la intención de subir hacia los ibones de Brazato. El camino parte del viejo balneario subiendo unas escaleras. 
Apenas ascendemos 200 metros por el camino, encontramos nieve helada en esta cara norte, que es muy sombría.. No vamos equipados con crampones, así que decidimos dar la vuelta y dirigirnos hacia una zona más soleada, camino del ibón de Bachimaña.
Retrocedemos sobre nuestros pasos para coger el camino indicado hacia el ibón. La indicación está parcialmente borrada por lo que no sabemos si podremos llegar y cuánto tiempo nos costará.
Tras cruzar uno de los riachuelos que bajan hacia el balneario, comenzamos a remontar la cascada hasta llegar al mirador. El camino transcurre entre rocas y está preparado con un cable en alguna de las zonas, aunque no están demasiado expuestas. Una vez remontada la cascada, aparecen indicaciones para el "ibón de Bachimaña por Machos" cuyo camino gira a la derecha. Nosotros seguimos recto en busca de la solana. 

Al llegar a un claro las marmotas nos provocan con sus gritos, aunque no conseguimos verlas, y antes de volver a trepar por rocas, encontramos un puente que cruza al otro lado del río, que posiblemente conecta con el citado camino de Machos.
Seguimos adelante y pronto aparece la nieve en el camino. Está blanda y apenas reconocemos por donde sigue el camino. En este punto decidimos que la excursión ha merecido la pena: una mañana soleada en unos parajes bellísimos.
Volvemos al claro y al lado del puente, almorzamos al sol acompañados del ensordecedor ruido del río. 

A la vuelta en vez de cruzar por el puente tomamos un camino que baja directamente a la derecha del río hacia el refugio del balneario. Allí disfrutando de los 18 grados al sol, nos tomamos un café...




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